El ser humano es un viajero solitario en este mundo; nos vemos forzados a viajar para encontrarnos a nosotros mismos y para alcanzar nuestra propia esencia. En esta larga travesía debemos cruzar profundos ríos y escalar montañas escarpadas que bloquean el camino. Los peligros son numerosos y no hay puntos de abastecimiento. En este largo e ignoto camino, tenemos que llegar al objetivo previsto combatiendo las dificultades que nos salen al encuentro, haciendo frente a los problemas y superando los obstáculos. Un viaje como éste sólo se realiza una vez, y cada uno tiene tan sólo una oportunidad de alcanzar la eternidad.

De hecho, este viaje no es específico de la humanidad: todas las criaturas vienen a la existencia para enfrentar dificultades conforme a sus capacidades. Y entonces ellas siguen fluyendo en diferentes moldes, sometidas a constantes transformaciones hasta llegar a su propia identidad. A veces, incluso se transforman en una segunda existencia. Lo hacen a través del dolor, del sufrimiento, de la muerte y de la resurrección; y eso varias veces cada instante.

El agua no puede evaporarse y alcanzar la pureza sin el desafío del calor; una semilla no puede germinar y elevarse a una forma de vida superior sin agrietarse y sin descomponerse. Las cascadas caen con fuerza para golpear las rocas y hacerse tan puras como las gotas de lluvia de una nube. No hay primavera sin invierno. Y si la hubiera, no sería apreciada. El oro debe su brillo y su valor, igual que el acero debe su dureza y su durabilidad, a la mezcla de elementos de los que se formaron. La tierra seca revive y se convierte en una cuna para miles de flores según la cantidad de relámpagos que caen sobre ella. Oscuros capullos ven la luz en su seno, para desventaja propia. El invierno siempre teje su tela en beneficio de la primavera. De modo que una primavera sigue a cada invierno, igual que un día a cada noche. La muerte precede a la resurrección y los sufrimientos al logro de una vida más hermosa. Al morir y resucitar miles de veces a lo largo de sus vidas, las personas se liberan de las oscuras y engañosas presiones del «ego» y alcanzan la eternidad en su alma. Una comunidad madura y logra la inmortalidad a través de los sufrimientos que experimenta, tejiendo su camino al enfrentarse a las dificultades.

¡Qué placer el morir y el resucitar una y otra vez para alcanzar la existencia eterna! ¡Cuánto mérito hay en considerar cada golpe como una advertencia, que nos conmina a volver a nosotros mismos! ¡Qué gran heroísmo hay en mantener la esperanza y abrazar el futuro frente a tantos infortunios! Quienes viven sus vidas con fe y con conciencia pasan volando por este camino de tribulaciones con alas de esperanza, bajo la luz brillante de sus pensamientos, a través de esta tierra de pruebas y de sus mares de pus y sangre. Ellos son conscientes de que han venido a este mundo para ser destilados y purificados. Y saben que pueden ser despellejados como el gran sufí Nesimi (m. 1417) o ejecutados como Mansur al-Hallaj (m. 922). Pues dan la bienvenida tanto a la ira como a la gracia divinas, ya que ven la curación dentro de la aflicción, y aceptan todo aquello que les acontece con complacencia y con admiración, y nunca con pánico. Cada nueva desgracia se convierte en un aguijón, haciendo sonar diferentes melodías en sus corazones y vigorizándolos con emociones renovadas. Para ellos, los sufrimientos son como las tormentas de nieve en las altas cimas. No son algo inusual. Podemos incluso decir que el vivir sin sufrir en absoluto se convierte en un tormento irresistible para ellos; que significaría su muerte. ¡Esto es particularmente cierto si su pueblo está sufriendo y sus valores están siendo destruidos!

Los más gloriosos siervos de Dios no pasaron un minuto sin sufrir a causa preocupaciones de este tipo. Lo mismo puede decirse de aquellos que guiaron a sus naciones a la luz. Imam Abu Hanifa (m. 767), uno de los guías inmortales de la humanidad, fue sometido a un trato injusto y arrojado a la cárcel a causa de sus ideas innovadoras y comentarios bien fundados; tuvo una vida llena de sufrimientos. Ahmad ibn Hanbal (m. 855) fue maltratado como alguien sin valor y sometido a las torturas más crueles -¡una situación que se prolongó durante años! Sarahsi (m. 1096) escribió su obra maestra Al-Mabsut en el fondo del pozo en el que fue encarcelado. Y hay muchos más que también sufrieron…

A medida que estas almas maduras eran torturadas, como si estuvieran siendo exprimidas en prensas, sus benditas mentes alcanzaron los reinos situados más allá de los cielos, y sus corazones iluminados se convirtieron en infinitas fuentes de luz en pos del renacimiento de sus pueblos. Gentes como Campanella (m. 1639), Cervantes (m. 1616) y Dostoyevsky (m. 1881) se descubrieron a sí mismos en el cautiverio y alcanzaron la inmortalidad en los corazones de sus pueblos.

Todo aquel que piensa en servir a la humanidad debe saber que su deber es sagrado. El viaje es largo; las rutas empinadas; y todo tipo de maldades les esperan. Se enfrentarán a la muerte en cada esquina. Serán insultados, como si fueran criminales despreciables, y la mayor parte del tiempo se verán privados de su derecho a vivir como seres humanos. Deben dedicarse a esta causa bendita con conciencia de lo que les espera. De lo contrario, algunas almas inmaduras y negligentes podrían cambiar de curso y dirección ante las menores dificultades y privaciones.

¡Oh, tú, alma perezosa! Tú esperas que llueva sin truenos; que salga la vegetación sin que ninguna semilla se haya resquebrajado y ningún grano sacrificado. Esperas que una madre de a luz sin dolores de parto. En otras palabras: esperas que el curso general del destino y el orden, a despecho de su espléndida sabiduría, se adapten a tus consideraciones personales. ¡No! No has venido a este mundo para divertirte, para vivir de acuerdo a tus caprichos y a tus fantasías. Has venido para realizar tus potenciales humanos inherentes y para cultivar las cualidades exaltadas de tu esencia, en aras de lograr la iluminación interior. De modo que para llegar a ser un espejo que refleje lo divino, serás puesto muchas veces en crisoles y quemado en el fuego. ¡Serás arrojado en toneles de agujas y sometido a todo tipo de pruebas!

¡Estas son las reglas del camino, y el resto es futil y engañoso!

«No llores, entonces, ni seas débil de corazón

pues estarás siempre de la mejor parte si eres un creyente verdadero”.

¡Aquí está el aliento vivificante que cura los corazones!